las motivaciones del hecho artístico son

múltiples

controvertidas

aunque todas igualmente válidas

como cualquier otro juicio

o prejuicio

acerca de una realidad dada

si bien

hoy

en mi caso particular

y hablo de pintura

me interesa poco

o más bien nada

la creación entendida como política

ética

decoración

o cultura

pues todo ello recae bajo la jurisdicción

de aquel aciago demiurgo

al que yo ni puedo

ni debo

ni quiero

profesar fe alguna

aun menos servidumbre

antes bien

lo que me arrastra

a alumbrar

formas y fantasmas

a coronarme

monarca sordociego

de mi íntimo pandemónium

es

el aspecto más inasible

del trance de imaginar

en el cual el hacedor se enajena

cuanto puede

de la entelequia de ser dueño de si

de tener

certeza alguna

o albedrío

sobre aquello que ha de suceder

de suerte que

felizmente aniquilado

despliega

su virtud omnipotente

ya no por voluntad propia

si es que eso alguna vez fue posible

sino

como si dijéramos

al dictado de Dios